
Hoy comenzó el día muy temprano, y también un poco accidentado. En la mañana Rebe y yo tuvimos una pequeña discusión por algunas diferencias en nuestra forma de pensar. Todo normal, a todo el mundo le pasa, aunque sinceramente eso hizo que cayera en cuenta de muchas cosas.
Mi chinita está enferma de gripe y cuando le llamé en la mañana estaba fuera de casa por "x" situación. Me molestó un poco el hecho de que no se cuidara (según yo) y de ahí se vino la bronca. Un poco más tarde arreglamos las cosas y fuí a comer con ella a su casa.
Ahí se dió lo que terminó por convencerme de que mi chinita es realmente una mujer excepcional. Enferma y todo, se puso a dar de comer a los que estaban ahí, ella sola sin que nadie le ayudara aunque había más personas en casa. No es la primera vez que veo eso y seguramente no será la última, pero hoy vi que no se quejaba, no se negaba y hacía lo que tenía que hacer. Si yo hubiera estado en esa situación más de alguno habría salido gritoneado y tal vez hasta con un plato con mole en la maceta.
Si hay algo que me cuesta es servir a los demás, es algo que va más allá de mí y mucho menos si el otro me trata mal o si yo me siento enfermo. Me dió un poco de tristeza ver que no soy capaz de eso sino todo lo contrario.
Al final no pude evitar recordar un versículo de los Proverbios y me puse a buscarlo para citarlo aquí. Me fué imposible solo citar un versículo y decidí poner toda la forma en que los judíos elogiaban a una ama de casa. Rebe está descrita en cada uno de estos versículos, de principio a fin y cuando lo leí me sentí el afortunado e inmerecido prometido de una excelentísima mujer.
El texto es un famoso poema alfabético que sirve de broche de oro a este Libro sapiencial (Proverbios). En él se describe y enaltece a la mujer ideal, en su condición de esposa, de madre y de ama de casa hábil y previsora. Por encima de todas sus cualidades sobresale el "temor del Señor" (v. 30), que es "el comienzo de la sabiduría".
Una mujer completa, ¿quién la encontrará? Es mucho más valiosa que las perlas.
En ella confía el corazón de su marido, y no será sin provecho.
Le produce el bien, no el mal, todos los días de su vida.
Se busca lana y lino y lo trabaja con manos diligentes.
Es como nave de mercader que de lejos trae su provisión.
Se levanta cuando aún es de noche da de comer a sus domésticos y órdenes a su servidumbre.
Hace cálculos sobre un campo y lo compra; con el fruto de sus manos planta una viña.
Se ciñe con fuerza sus lomos y vigoriza sus brazos.
Siente que va bien su trabajo, no se apaga por la noche su lámpara.
Echa mano a la rueca, sus palmas toman el huso.
Alarga su palma al desvalido, y tiende sus manos al pobre.
No teme por su casa a la nieve, pues todos los suyos tienen vestido doble.
Para sí se hace mantos, y su vestido es de lino y púrpura.
Su marido es considerado en las puertas, cuando se sienta con los ancianos del país.
Hace túnicas de lino y las vende, entrega al comerciante ceñidores.
Se viste de fuerza y dignidad, y se ríe del día de mañana.
Abre su boca con sabiduría, lección de amor hay en su lengua.
Está atenta a la marcha de su casa, y no come pan de ociosidad.
Se levantan sus hijos y la llaman dichosa; su marido, y hace su elogio:
«¡Muchas mujeres hicieron proezas, pero tú las superas a todas!»
Engañosa es la gracia, vana la hermosura, la mujer que teme a Yahveh, ésa será alabada.
Dadle del fruto de sus manos y que en las puertas la alaben sus obras.
Mi chinita está enferma de gripe y cuando le llamé en la mañana estaba fuera de casa por "x" situación. Me molestó un poco el hecho de que no se cuidara (según yo) y de ahí se vino la bronca. Un poco más tarde arreglamos las cosas y fuí a comer con ella a su casa.
Ahí se dió lo que terminó por convencerme de que mi chinita es realmente una mujer excepcional. Enferma y todo, se puso a dar de comer a los que estaban ahí, ella sola sin que nadie le ayudara aunque había más personas en casa. No es la primera vez que veo eso y seguramente no será la última, pero hoy vi que no se quejaba, no se negaba y hacía lo que tenía que hacer. Si yo hubiera estado en esa situación más de alguno habría salido gritoneado y tal vez hasta con un plato con mole en la maceta.
Si hay algo que me cuesta es servir a los demás, es algo que va más allá de mí y mucho menos si el otro me trata mal o si yo me siento enfermo. Me dió un poco de tristeza ver que no soy capaz de eso sino todo lo contrario.
Al final no pude evitar recordar un versículo de los Proverbios y me puse a buscarlo para citarlo aquí. Me fué imposible solo citar un versículo y decidí poner toda la forma en que los judíos elogiaban a una ama de casa. Rebe está descrita en cada uno de estos versículos, de principio a fin y cuando lo leí me sentí el afortunado e inmerecido prometido de una excelentísima mujer.
El texto es un famoso poema alfabético que sirve de broche de oro a este Libro sapiencial (Proverbios). En él se describe y enaltece a la mujer ideal, en su condición de esposa, de madre y de ama de casa hábil y previsora. Por encima de todas sus cualidades sobresale el "temor del Señor" (v. 30), que es "el comienzo de la sabiduría".
Una mujer completa, ¿quién la encontrará? Es mucho más valiosa que las perlas.
En ella confía el corazón de su marido, y no será sin provecho.
Le produce el bien, no el mal, todos los días de su vida.
Se busca lana y lino y lo trabaja con manos diligentes.
Es como nave de mercader que de lejos trae su provisión.
Se levanta cuando aún es de noche da de comer a sus domésticos y órdenes a su servidumbre.
Hace cálculos sobre un campo y lo compra; con el fruto de sus manos planta una viña.
Se ciñe con fuerza sus lomos y vigoriza sus brazos.
Siente que va bien su trabajo, no se apaga por la noche su lámpara.
Echa mano a la rueca, sus palmas toman el huso.
Alarga su palma al desvalido, y tiende sus manos al pobre.
No teme por su casa a la nieve, pues todos los suyos tienen vestido doble.
Para sí se hace mantos, y su vestido es de lino y púrpura.
Su marido es considerado en las puertas, cuando se sienta con los ancianos del país.
Hace túnicas de lino y las vende, entrega al comerciante ceñidores.
Se viste de fuerza y dignidad, y se ríe del día de mañana.
Abre su boca con sabiduría, lección de amor hay en su lengua.
Está atenta a la marcha de su casa, y no come pan de ociosidad.
Se levantan sus hijos y la llaman dichosa; su marido, y hace su elogio:
«¡Muchas mujeres hicieron proezas, pero tú las superas a todas!»
Engañosa es la gracia, vana la hermosura, la mujer que teme a Yahveh, ésa será alabada.
Dadle del fruto de sus manos y que en las puertas la alaben sus obras.
"Pr 31, 10-31."
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